Diferentes, no tan diferentes…

Temple Grandin, un ejemplo de que el autismo puede significar muchas barreras, pero que con trabajo y apoyo se puede llegar muy lejos.
Nació en 1947, a los 4 años le diagnosticaron autismo, a su madre le dijeron que no iba a poder desarrollarse “corectamente” ni tener una vida “plena”. Sin embargo, hoy es un referente tanto en lo que se refiere al bienestar animal como al autismo.
Hace unos años, mi papá, profesor de bienestar animal, me hizo ver la película sobre esta mujer. Después leí “interpretar a los animales: cómo el autismo puede ayudar a comprender su comportamiento” escrito por Grandin en 2006. Debo reconocer que lo que quedó grabado en mi cabeza es su historia. Recién ahí entendí la obsesión de mi papá por esta mujer.
Recomiendo el libro, no sólo porque todos, veterinarios o no, podemos entender su contenido. También lo recomiendo, porque es una lección de vida, una lección que nos enseña que no hay que juzgar a las personas, todas en algún momento estamos incapacitados para hacer tal o cual cosa; el desafío está en poder sortear esa limitación.

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